Jul
13

Caminos compartidos…

Los individuos están rodeados de símbolos que representan diferentes significados y que al ser creados tienen una finalidad en particular.

Se pueden reconocer símbolos cuyo valor es compartido por la “aldea global” y pueden ser indicadores simples o un modo de comunicación certera sobre cuestiones prácticas, siendo su significado conocido e interpretado por todos o casi todos de la misma manera y en el mismo sentido.

Sin embargo, encontramos en cada sociedad símbolos que responden a rasgos culturales únicos que encierran mucho más que la simple imagen que representan y cuyo arraigo puede ser interpretado y sentido por quienes comparten un mismo camino y se sienten participantes de una misma historia.

 

 

Cada uno de nosotros ha heredado significados personales conformados de recuerdos o tradiciones familiares, costumbres que han pasado de generación en generación y que tienen, más allá del hecho en sí, una identidad particular de la que somos actores y reproductores.

En las sociedades se amplían y se transforman, generándose así símbolos cuyos significados son representativos de identidad e historia y de cultura compartida revalidada por la práctica.

El valor que cada comunidad le adjudica a sus símbolos y el modo que tiene de representarlos habla de su identidad; es con la práctica que se garantiza continuidad en estos rasgos propios, es renovando el sentido que representan como se logra unir imagen y significado.

Cuando se habla de nuestros símbolos, se habla precisamente de todo esto. Una bandera es, visto de este modo, mucho más que un simple paño; una canción es más que una suma de acordes y tantos otros ejemplos que podemos nombrar y que nos hacen ser nosotros y no otros.

El significado es resignificado desde lo cotidiano, desde lo heredado y llevado a la práctica por cada uno en el rol y lugar que le toque desempeñarse, dándole o quitándole importancia.

La valoración individual hace de un hecho o un símbolo una representación social y de este modo lo reviste de significado cultural.

Alguien dijo: “Solamente dos legados duraderos podemos aspirar a dejar a nuestros hijos: uno, raíces; el otro, alas…”. Las raíces, a través de la memoria colectiva; las alas, por medio de la reflexión, la decisión y el compromiso de hacer realidad nuestros sueños.

 

Asesora:
Lic. Cecilia del Carmen Garrido
Directora Nivel Secundario
Escuela Club Atlético San Miguel