Ago
23

¿Que ves cuando me ves?

Cuando la mentira es la verdad (Divididos)


Que la educación está en crisis no es ninguna novedad. Pero que lo que está en crisis es la transmisión del conocimiento que se da en la escuela, eso sí constituye un tema de preocupación.
En esta oportunidad les propongo reflexionar a partir de dos obras de la literatura: “Las ciudades invisibles” del escritor y editor cubano Italo Calvino, y “El gorila invisible” de los psicólogos estadounidenses Christopher Chabris y Daniel Simons.

Calvino nos presenta una serie de relatos sobre ciudades imposibles. Relatos del viajero Marco Polo al todopoderoso Kublai Kan. Despina es una ciudad a la que se llega en barco o en camello. Está entre dos desiertos: el mar y la arena. Desde lejos, para el camellero, representa el barco que lo sacara del desierto y lo llevará de puerto en puerto, de hostería en hostería. Para el marinero, será el camello con las alforjas llenas de dátiles y frutos que lo sacará del mar y lo llevará a la sombra de una palmera. Así “cada ciudad recibe su forma del desierto al que se opone”.

En el caso de “El gorila invisible” se relatan una serie de experiencias en las que se concluye que “mirar no es lo mismo que ver”, que todos alguna vez padecemos de “ilusión de atención”. Estas fallas en la conciencia se dan tanto en lo visual como en lo auditivo. Por ejemplo, se hizo una breve filmación de dos equipos de personas moviéndose y pasándose una pelota de básquet. Uno de los equipos con remeras blancas y el otro negras. Sobre el final de la filmación una estudiante vestida de gorila se asomaba a la cámara, hacia un gesto y se retiraba. La consigna consistía en contar, durante la proyección, cuántas veces se pasaban la pelota entre los de remera blanca. Increíblemente, la mitad de los involucrados en la actividad no había notado nada fuera de lo común en el video. Es más, cuando se les preguntó por un gorila, contestaron “¿un qué?”.
No haber visto el gorila explica por qué las personas no centran su atención en lo que no esperan: “ceguera por falta de atención”. Cuando se dedica la atención a una parte del mundo visual o auditivo, la tendencia es no advertir objetos y cuestiones no esperadas, aún cuando sean más que evidentes.
Entonces, ¿quién presta atención a lo inesperado?; ¿qué representaciones tenemos sobre lo que miramos?

Pensemos en algún curso de una escuela cualquiera. Teniendo como referencia el estado de la disciplina, las altas desaprobaciones, nuestros deseos y expectativas y las presiones generales sobre la educación, ¿en qué aspectos centramos la atención cuando diariamente nos ponemos a trabajar en la escuela?, ¿esperamos lo inesperado?, ¿cuáles son las cuestiones que nos interesan y las que desfilan frente a nuestros ojos y oídos y dejan de ser percibidas por esta “ilusión de atención”?, ¿a qué se parece lo que vemos? ¿Será que le ponemos ojos y oídos a lo esperado y negativo, perdiendo porosidad a lo esperanzador y positivo? Preocupados por lo evidente, ponemos nuestra atención en aquel o aquellas cuestiones que puedan complicar nuestro trabajo, obviado otras breves pero profundas sorpresas que le dan sentido a lo que hacemos. Al igual que el gorila de la experiencia, desfilan a cada rato por delante de nuestra vista y susurran a nuestros oídos pero, como la atención está en otros deseos, la generalidad de las veces pasan desapercibidas.
¿Dónde se refugiarán los gestos solidarios, de respeto y tolerancia, el valor del esfuerzo y la dedicación, cuando la atención está puesta en lo contrario?

El trabajo de Chabris y Simons señala que, hasta donde sabemos, no existen personas que “no vean las cosas”, que las “pasen por alto”. Pero sí se pueden predecir las probabilidades de que suceda algo inesperado. La experiencia y los conocimientos sobre lo que hacemos nos permiten generar un “antídoto” a la “ilusión de atención” pero sólo para los casos relacionados con los contextos en los que se es experto. Las experiencias demostraron que si se pone a alguien en una situación en la que no es experto, se comportará como un iniciado.

Es en este sentido que toma valor la formación de los docentes. Si pensamos en formar enseñantes para el enseñadero, o como dice Paulo Freire para el caso de los oportunistas, que  la docencia en un alero donde se refugian para ver pasar la lluvia. Seguramente la falta de experticia en el ámbito respectivo lo hará caer en la “ilusión de atención”, se preocupará y agobiará en su trabajo, y es posible que termine fijando su atención en cuestiones urgentes pero no importantes. Prestará el oído para lo coyuntural y no para lo trascendente.
Preocupado con su idea, no verá al gorila que le hace señas y tal vez hasta se ría de sus errores.

Será como un marinero o un camellero en Despina.

Asesora:
Enrique Osvaldo Videla Dicalbo
Prof. Lic. en Cs. de la Educación
Especialista en Currículum
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