Oct
11

Mandalas

ENTREVISTA: Agó Páez Vilaró

Agó, mirando tus obras uno no puede dejar de preguntarte ¿qué es un Mandala?

El Mandala significa círculo contenedor de la esencia. Lo encontramos en toda la naturaleza, vivimos en un enorme globo mandálico. Nuestra primer morada es circular: la barriga de nuestra madre; antes de ser un feto espiralado somos células redondas, el círculo nos pertenece. Estamos ahora recordando esa forma ancestral que nos indica volver al centro, conectarnos con nuestro ser interior.

Al trabajar en forma circular nos sentimos protegidos, comenzamos a sentir que podemos crear sin que la mente nos distraiga, comenzamos a percibir que hay algo interior que nos llama a conectarnos con nosotros mismos; nos olvidamos de a poco del afuera, transitamos nuestro camino interior, reconociéndonos como seres buscadores de la luz, volviendo a casa a reconectarnos con la luz que vive en nuestra esencia divina. Trabajar con el círculo es meditar con ojos abiertos, sentir y disfrutar de las formas y de los colores, jugar como los niños, sentir y no pensar, alivianando nuestra cabeza.

¿Cómo fue que contactaste por primera vez?

El trabajo con los Mandalas comenzó en mí a través de mi búsqueda espiritual hace ya veinte años. Nací en una familia de artistas y siempre sentí la enorme necesidad de expresarme a través de los colores y las formas. Empecé mi búsqueda espiritual intentando a través de diferentes técnicas reconectarme con mi ser, sin saber lo que hacía, busqué en la meditación comprender algo más de este camino interior. Fue allí que sentí la necesidad de crear estos círculos mágicos que entonces no sabía de qué se trataban. Lo sentí en mi corazón y me dejé guiar… Nacieron así formas mágicas circulares que me invitaban a conectarme conmigo misma y a la vez también provocaban al espectador, sensibilizándolo. Sentí que algo mágico estaba sucediendo y desde entonces me dediqué a profundizar en esta técnica que es milenaria, utilizada por la mayoría de las civilizaciones, como los Atlantes que tenían su ciudad en forma circular. Luego los Celtas, los Incas, los Mayas, los Aztecas, creando sus casas redondas, como los iglús en Alaska. Técnica también empleada por nuestros pájaros autóctonos, los Horneros desde siempre.


Evidentemente, los Mandalas significan para vos un estrecho vínculo con lo Superior…

Rodeados de círculos crecemos, estos círculos nos recuerdan el volver, volver a nuestro interior, a nuestra sabiduría divina, a nuestro ser interno donde se encuentra la serenidad, la paz y la claridad. El sol redondo que nace y muere todos los días nos recuerda el seguir al sol, pero seguirlo en nuestro interior, pues como dice la canción... “aunque no lo veamos, el sol siempre está”. Al crear esta nueva forma en mis cuadros fui conectándome con la información interna y dejando fluir, aceptando este nuevo método de pintura, sintiendo el profundo dictado del corazón. Sentí que mis colores nacían desde lo más profundo de mi ser y que había algo que trabajaba a través de mí que debía dejar que se manifieste. Sentí que no eran hechos por mí, sentí que se agrandaba mi canal de la creatividad y por allí todo fluía, y me entregué a esa nueva experiencia donde los pensamientos desaparecen y crece el sentimiento de reconexión con la creatividad universal. Comenzaron a nacer nuevas formas que me fueron guiando y enseñando y a través de los Mandalas fui creciendo interna y externamente. Y comprendí que esta técnica debía de compartirla.


Hablando de compartir, ¿cómo se lleva a cabo la transmisión de toda esa experiencia tuya, de todo tu sentir?

Inicié hace muchos años en Uruguay mi trabajo con las escuelas públicas, trabajé con maestros en todo el interior de la república…

 

 

 

¿Y aquí, en nuestro país?

Desde hace siete años comenzamos el trabajo en Argentina, llevando la enseñanza por todo el interior y la capital, transformando de a poco la forma de sentir el arte, direccionándolo hacia el corazón, despertando en los niños la necesidad de una reconexión. En Argentina creció tanto el deseo de una verdadera transformación que decidimos, a través del Círculo de Escultores Rosarino, abrir una Escuela de Mandalas en Rosario, y luego una en Buenos Aires, en Lomas de San Isidro. De esa forma estamos preparando a las personas a conectarse con la técnica desde lo más profundo, transitando un camino interno.

Todo esto, sin descuidar la enseñanza en tu tierra natal, no es así?

En Uruguay existe la escuela desde hace muchos años y este año se inaugura en Punta Ballena, en el “Octógono de Agó”, donde las personas que lo deseen podrán acercarse a tomar contacto con ella. Todas las personas pueden concurrir, no es necesario ser artista, es sólo abrir el corazón para dejar que nazca en nosotros el deseo de crear. Cuando creamos nos conectamos con Dios, nos sentimos parte de él y de la creación, el círculo del Mandala nos contiene, nos acoge, nos protege, así como la Madre Tierra, nos sentimos bien transitando el círculo, nos animamos a dejar fluir. Es una técnica maravillosa e infinita.


Dijiste haber comenzado en las escuelas públicas, con los chicos.

En este momento del planeta todos los niños tienen la oportunidad de conectarse con los Mandalas, hay muchos libros para colorear, tienen la posibilidad de conectarse con la forma circular, eso ayuda a que las nuevas generaciones se preparen para el cambio que está llegando. En la humanidad, el llamado es para que los adultos nos alistemos para conducir a estos niños que ya están preparados para el cambio, aunque en realidad son ellos quienes nos van a enseñar.


¿Un mensaje para quienes nos leen?

Cuando descubrí en mi interior que existía esta forma de expresión, comencé a descubrirme a mí misma, mi pintura cambió, mi camino comenzó a ser hacia adentro, mis colores se iluminaron, trayendo a mis cuadros los siete colores del arco iris, los colores de la luz. Fui de a poco sanando y aún continúo haciéndolo, en cada forma, en cada pincelada voy transmutando y cambiando lo que haya para cambiar, de a poco la fuerza de la luz va sanando todo mi ser.
Es el regalo más grande que he recibido y es algo que deseo compartir.



Todas las personas que deseen entrar en contacto con la Escuela de Mandalas lo pueden hacer a través de Facebook, Escuela de Escultores Rosarinos, Octógono de Agó, o también a través de www.agopaez.com


*En Buenos aires
Suttihuasi: Uspallata 2108 - San Isidro
Tel.: 4737-0955 / 15-5527-8901
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*En Rosario
Coordinadora general: Carina Beltrame
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Tel.: (0341) 15-5008284

*En Punta del Este
Octógono de Agó – Punta Ballena
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