May
14

niños sobreexigidos

“¿Vamos a jugar? Hoy no tengo tiempo…”

 

La niñez, en particular la primera etapa escolar, es muy importante para la formación de los cimientos de la personalidad que desarrollará el niño. En este período los juegos, la vida al aire libre, los momentos de ocio, son algunos de los déficits significativos y peligrosos de este nuevo modelo de éxito y desenfreno a corta edad. El ritmo alocado impuesto por los adultos tampoco deja el margen necesario para innovar y descubrir los talentos especiales de cada chico.

Cada vez son más los niños que tienen sus agendas tan o más apretadas que las de sus propios papás, en general profesionales o con trabajos de largas jornadas en relación de dependencia. Estos niños asisten a escuelas bilingües, de doble escolaridad, concurren a clase de apoyo para idiomas, lecciones de informática, talleres varios, actividades en el club… el día suele estar totalmente completo. Y llamativamente, aun luego de toda la lista de actividades, parece sobrarles energía, son enérgicos en el hogar y por la noche cuesta lograr que duerman.

Hoy los padres quieren hijos bien formados, competitivos, con buenas notas, sin tener en cuenta si éstos pueden o no alcanzar ciertas metas o sin preocuparse de si ellos comparten los mismos intereses o cómo se sienten. Son pocos los padres que no desean grandes cosas para su prole. Convencidos de que rendirán más si ellos son muy exigentes, en lugar de felicitarles por lo ya conseguido remarcan lo que aun tienen pendiente. Sin embargo, psicólogos y pedagogos aseguran que no es así, que son muchas las familias que presionan a los hijos, especialmente en el ámbito académico, y que este exceso de exigencia está detrás de muchos de los problemas que llegan a los consultorios de Psicología Infantil y Psicopedagogía.

Los especialistas comienzan a advertir que acelerar los tiempos de los chicos no sólo no los hará mejores en el futuro, sino que puede afectar su desarrollo evolutivo. Hay que respetar sus tiempos. La niñez es una etapa que necesita de juego, curiosidad, pausas. Acelerar sus tiempos y llenarlos de información está anulando la capacidad de sentir de nuestros hijos, de ser personas conectadas con ellos mismos y con sus propios deseos y talentos. Los adultos les negamos ese derecho esencial, y muchas veces ellos no dan más.

Un adulto puede reconocer su nivel de cansancio y expresarlo con mayor o menor dificultad, pero los niños apelan a llamar la atención con una serie de actitudes que encarnan la voz del “ya no más”. El estrés infantil es una especial llamada de atención que se manifiesta en una variedad de síntomas.

Excitación constante.

Trastornos del sueño: pesadillas, terrores nocturnos, insomnio.

Enuresis: mojar la cama durante la noche.

Problemas digestivos: diarreas, dolores abdominales, constipación.

Obesidad: puede ser remitida a trastornos de ansiedad y es cada vez mayor el índice de niños obesos.

Asma.

Variedad de síntomas psicosomáticos.

Todos los padres tenemos una idea previa de cómo nos gustaría que sean nuestros hijos. Algunas veces les exigimos que se comporten como nosotros mismos no lo hacemos, esto sin darnos cuenta que somos el primer y principal modelo a seguir.

“A tus hijos, más que con palabras, enséñale con tu conducta, sé el adulto que quieres que ellos sean”…

 

El comienzo de clases

Una sobreexigencia extra

El inicio de clases suele traer más de un dolor de cabeza a grandes y chicos. Los padres tienen que volver a lidiar con las rutinas escolares que quedaron enterradas entre baldes, palitas y mucha arena veraniega; los hijos a veces se niegan a abandonar la “libertad” de poder ver tele hasta altas horas o dormirse en horarios inusuales. Pasar de una rutina libre en la que valía levantarse tarde y dedicar el tiempo libre a las actividades favoritas, a  cumplir con una serie de labores que implican una responsabilidad, puede provocar episodios de estrés en niños y adolescentes.

La ansiedad por entrar a la escuela termina al cabo del primer mes, pero si los niños  muestran síntomas como problemas para dormir o dolor recurrente de estómago, entonces pueden necesitar una ayuda adicional ya sea del maestro o del orientador escolar.

En el caso de los adolescentes, el cambio de nivel escolar también puede hacerles sufrir ansiedad porque les preocupa si encajarán en el nuevo ambiente o si llevarán la ropa adecuada para ser aceptados.

De acuerdo con el psicólogo clínico Eileen Kennedy-Moore, los niños pueden tener problemas para dormir en el inicio del año escolar. Los síntomas de la angustia pueden ser la dificultad para conciliar el sueño, pérdida de apetito o irritabilidad. En los casos más graves el estrés infantil puede implicar lágrimas, rabietas o negarse a ir al colegio.

Al niño le dará más seguridad y entusiasmo que usted comparta alguna experiencia con él, por ejemplo contarle cómo fue su primer día de clases, quién era su mejor amigo y cómo se conocieron, etc.

Remarque siempre los aspectos positivos de su regreso a clases.