May
16

tracción a sangre

Los caballos y la ley penal 14.346

 

Vamos a ocuparnos en esta nota de la problemática de los animales empleados en el tiro de vehículos, tales las palabras que utiliza nuestra vieja y vigente Ley 14.346.

Sería un erróneo reduccionismo centrar la cuestión de la explotación equina en el empleo de caballos en el tiro; muchos equinos de bella apariencia también están sujetos a maltrato, explotación, esclavitud, dominación y crueldad. Es más difícil verlos porque no suelen estar amarrados a desprolijos carros, sino “escondidos de la ley” detrás de los pulcros y limpios stud de los que se nutren hipódromos, teams de polo, clubes hípicos, circos, etc.

 

 

La inmoralidad e ilegalidad de una conducta no pude modificarse por el estrato social al que pertenezca el victimario. Tal vez lo único que diferencia a este último es que accede a otros recursos para ocultar o disfrazar su crimen; si se quiere, ello podría considerarse una circunstancia agravante al momento de imponer una pena.

 

Es de hacer notar que ya en 1954 los legisladores tuvieron en cuenta y consideraron como un delito penal el hecho de usar animales “en el tiro de vehículos que excedan notoriamente sus fuerzas”. Más allá de que todo uso de animales nos parece inmoral, en 1954 los caballos estaban mucho más incorporados a procesos productivos; no obstante, parece que aquellos legisladores tuvieron una sensibilidad especial con este tema, tan especial que incluyeron la conducta aquí examinada como delito.

 

Cierto es que hoy podemos hacer muchas críticas a la Ley 14.346. Ahora bien, considerando que han pasado 60 años desde su dictado, tal vez la ley no ha evolucionado porque nosotros tampoco hemos hecho ese crecimiento con respecto a la crueldad hacia los animales. Es así que en la era de las comunicaciones, el confort y la tecnología, cada vez nos resulta más habitual o normal ver grupos de personas que viven de lo que el sistema de consumo descarta, aquello a lo que le llamamos basura, de tal forma que el paisaje urbano nos devuelve un vehículo de última generación transitando junto a un carro tirado por un caballo que soporta pesos muy superiores a las posibilidades de sus fuerzas.

 

Esa sola imagen es la foto de un delito, no necesitamos nada más. Si además el caballo estuviera lastimado o desnutrido, eso constituiría otro delito en los términos de la Ley 14.346. Cabe indicar que esta ley, como toda norma penal, es una ley de orden público y las fuerzas de seguridad están obligadas a intervenir frente a estos hechos; caso contrario serían estas fuerzas las que podrían encontrarse incursas en una figura delictiva.

 

Debemos precisar que una cosa es el delito y otra la infracción de tránsito. La mayoría de los municipios, sobre todo en las zonas urbanas, tienen vedada la circulación de vehículos impulsados por tracción animal. No obstante, cuando se constata esta infracción se labra un acta, una multa, y “aquí no ha pasado nada”. En cambio frente al delito, una de las primeras obligaciones que deben cumplir los agentes del orden es hacer cesar sus efectos; para ello deberá “secuestrarse” el animal, constatarse su estado de salud y, en su caso, será menester secuestrar el vehículo/carro, pues también debe ser objeto de pericia y constatación de su peso y el de las personas o efectos transportados.

 

Sentado ello, debe señalarse que allí donde vemos una persona en un carro, revolviendo basura, está claro que lo primero que aparece es el fracaso del Estado, la marginalidad como construcción de un sistema que no puede albergar a todos, que selecciona, que discrimina. La cuestión de la pobreza, de la basura, del reciclado, de la educación ambiental, son asuntos propios de lo que podríamos considerar “políticas de Estado”. Un Estado moderno no debería permitirse este tipo de exclusiones, de marginalidad. Tampoco debería permitir el despilfarro y el tratamiento que le damos a nuestros residuos. Si nos detuviéramos a ver el trabajo de reciclado y recuperación que se hace en otros países, comenzaríamos a ver cómo en nuestras latitudes tiramos y enterramos, contaminando, el equivalente a miles de dólares. En efecto, el reciclado eficiente, además de una fuente laboral y de recursos económicos, constituye un verdadero freno de la contaminación ambiental que, muchas veces, también le cuesta la vida a los sectores sociales más marginales.

 

Es una cuestión muy compleja que debe abordarse desde el costado social, político, ético y económico. Es verdad que a menudo la persona que está detrás del carro no es culpable de su situación, ello no merece ninguna discusión; el animal que soporta en su lomo el peso de esa desgracia tampoco es culpable, y esto tampoco debiera merecer discusiones. Un Estado que se diga progresista debiera abocarse a esta problemática considerando las dos premisas, los dos puntos centrales de esta aberrante ilegitimidad.

 

 

El anteproyecto de Código Penal que actualmente está en el Congreso de la Nación, ha elegido la táctica de las anteojeras, pues al entrometerse en la competencia propia de la ley 14346 elimina el inciso que se comenta aquí. Sí, emplear animales en el tiro de vehículos que excedan notoriamente de sus fuerzas dejará de ser delito, con lo cual el modelo penal del Estado ha decidido ignorar la marginalidad y la pobreza, legitimando que esa carga sea puesta en el lomo de las víctimas más indefensas, los animales de tiro.

 

Asesora: Dr. Gerardo Biglia