Nov
02

Las aves y las jaulas

No siempre es mejor pájaro en mano…

A menudo vemos gente a la que le place tener aves en jaulas. Disfruta de oír su canto por las mañanas y de sus plumajes vistosos y coloridos. Sin embargo, el disfrute y la alegría no son compartidos. No existe un escenario más triste y antinatural para un ave que una jaula.

 

El Cardenal amarillo es una de las aves más ilegalmente comercializada en nuestro país. Esta especie de cardenal se encuentra actualmente en peligro de extinción debido a la constante y fuerte explotación de sus poblaciones silvestres, que actualmente se estiman  entre 1000-2000 individuos maduros en toda su distribución (Argentina, Brasil y Uruguay). A pesar de que se encuentra protegida en nuestro territorio, no es raro verlos a la venta ya que la demanda es continua.

 

El Loro hablador es fuertemente comercializado debido a su enorme carisma y a su capacidad de imitar sonidos. A las personas les gusta tener loros en jaulas y “conversar” con ellos. Las poblaciones silvestres de esta especie se encuentran en decline. Los loros son animales muy especiales, generan vínculos muy estrechos con sus congéneres y forman parejas que pueden extenderse a lo largo de los años. Tener un animal de estos en una minúscula jaula, solo, con la única compañía de alguna persona que de vez en cuando (y mientras dure el entusiasmo por la novedad) interactúe con él, parece ser un acto de inmenso egoísmo. Estos loros además son muy longevos, lo que en cautiverio los lleva a vivir una larga y triste vida en soledad.

 

El Cabecita negra es otra de las aves que comúnmente se ven en pequeñísimas jaulas debido a que poseen trinos y cantos muy melodiosos que suelen hacer por la mañana o al atardecer. Se alimentan de granos y su pequeño tamaño los hace “aptos” para ocupar espacios de la casa en diminutas jaulas a modo ornamental.

 

Algunos casos como el Cardenal Rojo y los Jilgueros merecen una reflexión aparte. Sus vistosos plumajes y sus cantos melodiosos los hacen víctimas de ser convertidos en adornos en las casas o jardines. Si bien sus poblaciones silvestres se encuentran estables y sus rangos de distribución son amplios, es bueno pensar también en los individuos y no sólo a nivel de especie. Las aves privadas de su libertad y condenadas a vivir solas en pequeñas jaulas, sufren y no realizan las actividades características de su especie. Aunque canten y vocalicen, están condenadas a vivir una vida llena de aburrimiento, soledad y sin la posibilidad de dejar descendencia en poblaciones silvestres.

 

Que las aves en jaula canten no es un indicio de bienestar ni de alegría. Su canto no es una expresión de júbilo: cantan porque de esa forma se comunican con sus pares, buscan parejas y/o defienden su territorio. Ningún animal es feliz en una jaula.

Aves que realizan largos vuelos (migraciones) experimentan cambios fisiológicos importantes en su cuerpo asociados a la preparación para estos largos y esforzados vuelos. Cuando esas mismas aves migradoras se hallan en jaulas privadas de poder hacer estos desplazamientos, sus cuerpos están listos para lanzarse a volar cientos de kilómetros pero no pueden hacerlo y por eso muchas veces chocan contra los barrotes de las jaulas que las contienen en un intento desesperado por responder a esta necesidad básica de volar.

 

Aprendamos más acerca de la naturaleza y no cometamos errores que maltraten y dañen a los animales. Enseñemos a nuestros hijos a disfrutar de un ave en libertad, a acercarnos lentamente a su nido y a ser testigos silenciosos e invisibles del hermoso proceso de cría de los pichones. Seamos cada día más parte de este mundo y compartamos el espacio con otros seres vivos que habitaban este planeta antes de que el hombre existiera.

 

Si querés saber más sobre el tráfico ilegal de aves en nuestro país entrá a:

http://avesargentinas.org.ar/12/03-trafico.php