Abr
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El miedo a no tener pareja

Este temor se presenta tanto en hombres como en mujeres, sobre todo entre los 30 y los 40 años, llegando a convertirse literalmente en una fobia. No es lo mismo el deseo de tener pareja que el miedo a no tenerla y quedar en soledad. La persona vive angustiada, molesta y es incapaz de sentirse bien si no está de a dos. Con ustedes, la “anuptafobia”.

 

 

La presión social es, sin dudas, la que ha de sentarse en el banquillo de los acusados. Las mujeres pueden ser más vulnerables a padecer esta fobia debido a los estereotipos que a lo largo del tiempo han existido acompañados por el componente machista. Comienzan a rodear a la persona sospechas sobre su sexualidad, o se le colocan etiquetas (“solteron@”), o refieren dichos (“se te pasa el arroz”), o se las critica por no haber formado una familia en tiempo y forma. Muchas veces los padres, sin desearlo, complican aun más el cuadro.

Quienes padecen esta fobia a menudo tienen una excesiva timidez, falta de autovaloración y miedo social. Están muy pendientes de lo que se diga sobre ellos, viven con angustia no estar cumpliendo con el rol que se les asigna, sienten frustración al observar sus propias vidas y no encuentran soluciones o alternativas para lograr revertir la dificultad de relacionarse con el sexo opuesto. No es extraño que compensen esta situación siendo muy exitosos en el trabajo u otra área que los reconforta.

Estas personas necesitan estar siempre de a dos, encadenan una relación con otra o varias relaciones en poco tiempo, manteniendo con frecuencia relaciones tóxicas por temor a la soledad. Se obsesionan con la idea de tener pareja, buscando conseguirla de un modo desesperado e invirtiendo gran energía en lograrlo; y cuando la tienen, sufren de una forma patológica por el pánico a perderla y “quedarse solas”, lo que las lleva a no poner límites tolerando faltas de respeto, de compromiso y de interés.

Esta dificultad para estar solos hace que repitan una y otra vez el mismo patrón en sus relaciones: ruptura de pareja y rápida búsqueda de otra, y vivir con angustia la relación por el miedo a malograrla.

En otros casos puede darse que la persona evite conocer a alguien por temor al fracaso o abandono. Siente terror a casarse con la persona equivocada, lo que devendría en no tener la capacidad de comprometerse. La negación a asistir a bodas se convierte en un  ícono en sus vidas.

El camino hacia la curación comienza cuando logran estar conformes con sus vidas y no pendientes del afuera y del qué dirán. El apoyo profesional en estos casos es fundamental para descubrir qué ha pasado en sus historias personales para llegar a esta situación, reforzar la autoestima, abandonar la idea de que sólo podrán ser felices si están en pareja, aprender a estar solas o estar con alguien pero como una decisión madura desde la libre elección y no por necesidad o dependencia, pudiendo abandonar al fin el “Síndrome de Susanita”, el personaje de la amiga de Mafalda que sólo pensaba en casarse y tener hijos.